Populismo

Para estar a la altura de un conflicto, hay que identificar con claridad al adversario. El PSOE no puede, no sabe o no quiere hacerlo. Su preocupación se centra en erigirse como el freno del populismo, calificativo que merecemos quienes formamos parte de la efervescencia social y política que siempre ha existido a su izquierda, y que ahora ocupa un espacio muy relevante. Su triunfo es seguir siendo la segunda fuerza, mantenernos a raya para garantizar que el turnismo se reinstaurará sin sobresaltos cuando toque. Que la derecha se fortalezca y las políticas de dolor y recortes avancen, es un mal menor comparado con el muro de contención que han sabido levantar para evitar que se desmorone este sistema, paradigma dentro del que pueden hacerse algunos retoques, pero que es incuestionable desde un punto de vista institucional y, fundamentalmente, económico.

Estos son los pilares del relato socialista postelectoral, y lo hemos confirmado en el transcurso del último pleno. Aunque la liturgia parlamentaria ha incorporado a los debates nuevos elementos de los argumentarios electorales, y ha desechado otros que ya cumplieron su objetivo, como viene siendo habitual, la sesión tuvo su “momentazo” que llegó en el debate suscitado en torno a las repercusiones en Andalucía del Brexit. Algo de lo que todos los grupos hablamos, y que sirvió al SOE para estrenar en sede parlamentaria las nuevas consignas marcadas desde la noche electoral.

fotografiaParlamentoAlgo inesperado, la verdad, porque creíamos que tendría más interés la sesión de control a la Presidenta. Sin embargo, para que se hagan una idea del vertiginoso y habitual recorrido discursivo descendente que se ha convertido en santo y seña de esa parte del Pleno, les diré que la sesión comenzó con una impecable intervención de Antonio Maíllo (que les invito a ver) en la que hubo política, argumentos y una referencia a Gabriel García Márquez, y terminó con la Presidenta hablando de Platanito, pasando por Moreno Bonilla que eligió para su cita del día a Super Coco. Así que, lamentablemente, habrá que seguir esperando a la política en ese punto del orden del día, aunque su desarrollo merece alguna reflexión serena.

Como les decía fue el debate sobre el Brexit el que nos sorprendió y nos dio pistas del nuevo discurso socialista, que se repitió en la práctica totalidad de las intervenciones de la sesión, evitando así tener que hablar de Andalucía y su gobierno, algo cada vez más incómodo para sus señorías. Había elementos más que de sobra para valorar políticamente el Brexit, para confrontar las distintas valoraciones, pero… el PSOE tenía pensada otra cosa, y la hizo. De los diez minutos de su intervención apenas dedicó al objeto de la comparecencia minuto y medio. El grueso de la misma estaba reservada a Izquierda Unida y a Podemos: los populistas, antieuropeístas y culpables de que Rajoy haya sido y (al parecer) siga siendo presidente por años. El recorrido fangoso por nuestro pasado, presente y futuro no tuvo desperdicio. El SOE sacó a pasear su contrastado anticomunismo y todos los tópicos con los que está construyendo el relato de su huida hacia delante por culpa de otros, más concretamente, nuestra.

Con ese chabacano anticipo de la sesión del miércoles, avisados y avisadas ya de lo que venía, Maíllo hizo el jueves un breve recorrido por la evolución de la socialdemocracia española, recordando como González “sedujo” en mayor o menor medida a millones de personas, votantes suyos o no, para luego encarnar una alegoría grotesca de la degradación que vive su propio partido. La pérdida de valores, la comunión con los postulados económicos neoliberales, las privatizaciones y puertas giratorias en las grandes empresas beneficiarias de esas políticas. El que fuera líder del PSOE y Presidente del gobierno ha olvidado las expectativas que generó y se ha postrado ante el “vellocino de oro”, como le recordó con acierto a Díaz mientras le pedía explicaciones de las medidas prometidas para evitar el pago de favores a empresas con contratos millonarios para los cargos públicos serviles.

Susana Díaz no se acostumbra al debate con Maíllo. Con él no funciona su impostura, sus frases hechas vacías de contenido. Así que tras quedar en evidencia que no ha hecho nada para cortar de cuajo las malas prácticas públicas y su posterior pago privado, tiró de letras de copla y chascarrillos para regocijo de su entregada bancada. Alguien que la aprecie, o que al menos tenga la suficiente dignidad y aprecio a su partido como para pagar el precio de decirle la verdad, debiera hacerle ver el ridículo que hace cuando ella, Susana Díaz, le habla a él o a cualquier otra persona del populismo.

La Presidenta que habla de ella misma (su tema favorito) en tercera persona, y de los hospitales y las escuelas públicas como propias, le llama a Maíllo y a todas nosotras populistas. La Presidenta de las fotos con niños y niñas saharauis en Sevilla y fotos en el mausoleo de los reyes Mohammed V y Hassan II en Rabat. La misma que mide la democracia al peso del número de escaños, el andalucismo en metros cuadrados de tela rojigualda que tirar a la cara de otros pueblos, y las mejoras de los servicios públicos en donaciones de Amancio Ortega. “Esta Presidenta”, como gusta autodenominarse, es muy crítica con el populismo, que es como se llama ahora la izquierda.

El principio de prudencia aplicado a nuestras intervenciones y nuestros denodados esfuerzos por argumentar las posiciones que defendemos y las propuestas alternativas que planteamos, no encuentran contraparte. La pedagogía política, los datos rigurosos y partir de premisas ciertas para explicar los disensos o los acuerdos cuando los hay… todo ello es un esfuerzo sin réplica pleno tras pleno. Confundir educación con debilidad es un error del mismo tamaño que confundir personalismo con liderazgo. También, y por si alguna de sus señorías socialistas lee esto, confundir el servilismo con la lealtad o la pasión con el desahogo suele llevar a las personas a vivir situaciones desagradables.

La próxima vez que ponga su brazo de madera y su catálogo de insultos a disposición de su jefa, piense que ella también puede confundir su sumisión: puede incluso creer que usted puede ser reemplazada por otra persona más útil si un día le da a usted por estrenar su criterio propio. Sería una pena, con lo que usted debe valer, señoría socialista, que el día que le releven de su importante puesto de centinela de la puerta por la que no debemos pasar los peligrosos comunistas y demás ralea de izquierdas, se haya colado por algún puesto sin vigilancia y hasta la cocina de San Telmo la derecha que tan poco les preocupa.

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