Impía frialdad la de esta presidenta

Hoy han asistido a la sesión de control a la presidenta de la Junta, Susana Díaz, varias trabajadoras del 061. En la puerta del Parlamento andaluz estaban el resto, también de Salud Responde y del 112. Antonio Maíllo pedía explicaciones en su turno, ante el desprecio del ejecutivo con estos colectivos. Varios acuerdos parlamentarios demandan del gobierno andaluz la recuperación de la titularidad pública de la gestión de estos servicios, también la dignificación de las condiciones de trabajo de miles de trabajadores y trabajadoras de cuyo deterioro la Junta de Andalucía es directamente responsable.

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Una de las trabajadoras del 061 en el Salón de Plenos

Especialmente mujeres. Amplios espacios de los servicios públicos esenciales se han externalizado y son prestados por una mayoría de trabajadoras: ayuda a domicilio, monitoras escolares, limpieza hospitalaria… Hay muchos más de esos servicios básicos que, en el nuevo nomenclator del PSOE, han pasado a denominarse “servicios instrumentales”. Como tales son susceptibles de ser prestados por empresas que, una vez convertidas en adjudicatarias, detraen de los salarios de las plantillas los recortes económicos de los pliegos elaborados por la administración. El IVA y el beneficio industrial son sagrados, así que sobre las espaldas de las trabajadoras que limpian los hospitales, que atienden a las personas mayores o que atienden las llamadas que pueden salvar vidas, va descargando la administración la estabilidad presupuestaria, y con ella su calculada ambigüedad y su falta de sensibilidad social.

Hemos vivido un momento difícil de contar. Mientras que la presidenta respondía al portavoz ‘popular’, el inefable Moreno Bonilla, las trabajadoras del 061 que se encontraban en el público han gritado reivindicando su papel fundamental en las emergencias sanitarias: “No soy un instrumento, ayudo a salvar vidas”, hemos podido oír de una de las trabajadoras mientras le pedían que abandonar el Salón de Plenos y las desalojaban una tras otra.

Debo informarles que el Reglamento del Parlamento prohíbe que las personas que asisten a las sesiones plenarias como público intervenga, muestren carteles o incluso que aplaudan. Pueden mirar, pero ya está. Esa regla de oro a veces se transgrede, sobre todo si los aplausos se producen como colofón de alguna intervención del Grupo socialista. Entonces se llama al público al orden, pero se espera lo suficiente como para que el diputado o diputada de turno disfrute de las palmas.

Pues bien, esta mañana las trabajadoras indignadas, cansadas de incumplimientos y hartas de que el gobierno andaluz mienta con descaro sobre su situación, han estallado en gritos. Me ha resultado sorprendente que la presidenta no haya girado ni un milímetro la cara para mirarlas, no haya parado ni un segundo su intervención, no haya hecho ni el más mínimo gesto. Ha seguido a lo suyo, como si tal cosa. A la altura de su impía frialdad, el peloteo insoportable de su bancada. Y es que, para que no se oyera a las trabajadoras, han roto en ovación cerrada para arropar a su presidenta, su secretaria general, su amada líder.

Debo informarles en este caso que a los y las diputadas sí nos dejan aplaudir, también hablar. La gestión que hacemos de las palabras y los aplausos la dejo para otra entrada del blog.

Volviendo a lo que les estaba contando nuestro grupo y el de Podemos, cuando nos hemos recuperado de la perplejidad inicial que nos produjo la indiferencia de la Presidenta y la ovación socialista, nos hemos levantado para aplaudir a esas trabajadoras que, aun mientras eran acompañadas a abandonar la sala, seguían desgañitadas intentando conseguir que se las oyera.

Todo podía haber quedado ahí, pero no, hemos tenido más. El PSOE, no contento con el lamentable espectáculo ofrecido, ha pedido una Junta de Portavoces para valorar lo sucedido. Me refiero a que dos grupos de la Cámara hayamos aplaudido a las trabajadoras desalojadas y que éstas hayan lucido camisetas del 061 y gritado en el Salón. Lo aclaro por si alguien pensaba que pedía la reunión para valorar la insostenible situación de la plantilla del 061, Salud Responde o el 112. O quizás para acordar alguna actuación conjunta que haga que el gobierno, declarado en rebeldía ante los acuerdos parlamentarios, rectifique.

Es vergonzoso oír a Susana Díaz decir que “algunos Grupos pretendemos gobernar desde el Parlamento” o que “el legislativo sólo puede controlar al gobierno”.  Qué pena, tener una presidenta que desprecia la soberanía popular, aupada a su preocupante megalomanía por una corte servil que vive en creciente desconexión del pueblo del que se acuerdan en campaña.

En fin, decirles que los otro cuatro grupos han rechazado la celebración de la referida Junta, dado que no es competencia de los portavoces, sino de la Mesa del Parlamento atender a las cuestiones relacionadas con el desarrollo de las sesiones. Tendrá que posponer el PSOE la escenificación de su pataleta. No mucho, el presidente del Parlamento ha llamado a los portavoces para hablar con ellos tan pronto acabe la sesión.

Y mientras, miles de mujeres andaluzas tiran para delante de sus casas trabajando por dos, tres, o cuatro euros la hora. Mujeres de los servicios “instrumentales”. Valientes trabajadoras públicas que luchan por sus derechos pagados a precio de saldo por un gobierno que se autodefine como feminista. Mujeres que le han gritado a Susana Díaz que ellas son Andalucía. No me digan que no es para aplaudirles.

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