Al parecer

El pasado miércoles la Comisión de Cultura del Parlamento andaluz aprobó el dictamen de la Ley de Memoria Democrática, quedando ésta sólo a un paso de su aprobación definitiva que se producirá probablemente en un Pleno del mes que viene.Uno de los elementos del texto que más rechazan PP y Cs es su ámbito temporal, que llega hasta la aprobación del Estatuto de Autonomía, algo que ambas formaciones no comparten por considerar que desde la aprobación de la Constitución vivimos un periodo plenamente democrático en el que carece de sentido aplicar las disposiciones de una ley como esta.

Sin embargo, el pueblo andaluz fue verdadero protagonista de la conquista de nuestro autogobierno pleno gracias a una movilización sin precedentes. Fue ese estallido social reivindicando el mismo proceso autonómico que el de las comunidades consideradas históricas lo que hizo a las élites de la época corregir el guión preestablecido, y otorgar a Andalucía el papel predominante que demandaba el pueblo.

El asesinato de García Caparrós en el transcurso de una de aquellas manifestaciones no fue un caso aislado, aunque sí uno de los más dolorosos, ejemplo paradigmático de la represión aplicada en un momento de la historia que aún sólo representaba el tímido advenimiento de una sistema de derechos y libertades aún por consolidar. Aquel joven malagueño tiroteado impunemente y su familia no son consideradas víctimas del franquismo y su onda expansiva postconstitucional, pero ponerlo en entredicho es negar la evidencia de la historia, abrazando un recuerdo quimérico de transición pacífica que no es más que una construcción mental.

Ley aparte, dado que su efectividad va a depender de la voluntad política de aplicarla y dotarla de recursos suficientes, el 28F y el 4D son dos fechas que pertenecen al patrimonio sentimental del pueblo andaluz, a su lucha y capacidad de tomar las calles para hacer valer sus aspiraciones. Año tras año se han sucedido manifestaciones en estas fechas, y 2017, augura una de las más multitudinarias de las últimas décadas.

En esta edición, Sevilla acoge un importante número de organizaciones, mareas en defensa de los servicios públicos, trabajadores y trabajadoras en conflicto, asociaciones… personas que acuden a la movilización desde su vinculación a un problema concreto, pero que empiezan a comprender que hay un hilo de injusticia social que recorre todos los conflictos y que los convierte en uno solo: el pueblo es víctima de una precariedad creciente, de un sistema diseñado a la medida de los poderosos, y de unos gobiernos tan serviles con las élites dominantes como implacables con la clase trabajadora.

Recuperar nuestra íntima convicción de pertenencia a la clase trabajadora es imprescindible para conectar todas las luchas. También lo es sentirnos agraviadas en el mal supuestamente ajeno, comprobar que la agresión a los derechos de otros debilita los propios, y que no son pocas las manos dispuestas a ponerse a la labor de construir un sujeto político y social que dispute el gobierno desde la construcción del poder popular mestizo, insolente y solidario que ya se está fraguando.

Por desgracia la batalla es muy desigual. Millones de personas trabajadoras han asumido la resignación como modo de vida. Después de años muy duros de destrucción de una parte importante de los derechos y conquistas sociales logradas, es difícil guarecerse de la lluvia fina que cae de manera impenitente sobre nuestras cabezas: son los mitos contemporáneos de la recuperación económica, la estabilidad política y el empleo precario mejor que ningún empleo, del Estado que sólo debe garantizar servicios esenciales y derechos fundamentales si puede pagarlos. En definitiva, son los mensajes que asocian la protesta social y la discrepancia al apocalipsis, y la defensa de lo establecido a la altura de miras y el sentido común.

Los medios de comunicación están haciendo una labor impagable propagando esta oda al “madrecita que me quede como estoy”. Todas esas personas despojadas de sus casas, sus empleos, sus proyectos de futuro… reciben una dosis diaria de comprensión. Quienes gobiernan entienden al parecer los sacrificios realizados por el pueblo para sacar adelante el país, que al parecer ya ha salido adelante, también al parecer lo que se ha quedado atrás se compensa con lo conseguido, y de ahora en adelante, también al parecer, aunque todo haya cambiado extraordinariamente para peor, estamos mejor. Albergar la esperanza de abrir paso a cualquier otro escenario es una irrealizable engañifa populista alejada de la realidad. De hecho, soliviantar al pueblo con vías alternativas a las aplicadas con responsabilidad y visión de Estado, es conducirlo a la frustración y la decepción. Algo que al parecer, en beneficio de un pueblo que ya ha sufrido bastante, hay que impedir por todos los medios.

Sin embargo cada derecho ha sido una conquista, y como tal, puede ser arrebatado. Precisamente el retroceso vivido sólo puede enmendarse desde el disenso y la contestación social. Una calle viva, que cuestione este sistema desde la raíz y lo impugne, es la única garantía de recuperar las posiciones perdidas, poniendo a este sistema siniestro ante sus contradicciones, sus falsos consensos y su vacua invocación a la estabilidad.

Por eso es tan importante acudir el 28F a la manifestación convocada en Sevilla. Compartir el recorrido con miles de personas desconocidas, llegadas desde sitios dispares y que viven problemas que quizás no padecemos, de momento. Es importante mirar alrededor y sentirnos comprendidas y respaldadas por nuestras iguales. Formar parte de la muy peligrosa y perturbadora clase trabajadora, reprobada por los poderosos cuando se muestra consciente, organizada, solidaria y digna.

Al parecer sería una pena que fruto de estas maniobras desestabilizadoras se conquistara una dotación de recursos adecuados para la sanidad, la dependencia o la educación. Al parecer nos pondría al borde del colapso que se garantizara un modelo productivo sostenible, diversificado y de reparto equitativo de la riqueza. También al parecer el abismo nos aguarda si los estibadores mantienen sus derechos laborales, si las camareras de piso llegaran a tenerlos, o si se abriera paso a medidas expeditivas contra la corrupción, el fraude fiscal o la violencia de género. Al parecer, sólo el caos encontraremos tras la nacionalización del sector energético y el control público de los precios de la luz, el gas y el agua. Al parecer, no quedará nadie para alegrarse si se llegara a mandar a la cárcel a los delincuentes, redefiniendo de paso qué es ser un delincuente en esta orgía de sentencias a la carta y baile de fiscales.

Izquierda Unida y muchas más vamos el 28F a Sevilla. Aunque fruto de esta movilización y todas las que vendrán, nos arriesguemos a tumbar al único, al parecer, sistema posible. Un sistema que prohíbe revocar a cargos públicos que incumplen sus obligaciones, pero permite que el gobierno esté sustentado por un partido que se sienta en el banquillo de lunes a jueves por financiación ilegal, y los viernes en el Consejo de Ministros. Al parecer es una locura, pero, ¿quién no ha querido hacer una locura al menos una vez en su vida?

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