Entrepreneurs: Andalucía Imparable

Allá por 2002, la Junta de Andalucía lanzó una campaña promocional haciéndola coincidir con el veinte aniversario de las primeras elecciones autonómicas. Gaspar Zarrías, por aquel entonces consejero de la Presidencia, fue el encargado de presentar aquella costosa ocurrencia institucional (1,3 millones de euros) que pretendía relanzar la confianza en nuestra tierra: Andalucía Imparable.

Luego vino Andalucía al máximo, en 2006, para destacar el compromiso autonómico de explorar en su totalidad las posibilidades de autogobierno. Nunca se le ha dado mal al PSOE poner nombres a campañas y hacer publicidad y lo cierto es que por aquel entonces el Gobierno andaluz estaba encantado de conocerse -en realidad ahora también- sin reparar en que Andalucía estaba a punto de rodar por las escaleras y con ella todo lo demás.

Antonio Maíllo nos ha recordado en la sesión de control la alegría inconsciente de aquel PSOE autocomplaciente y rumboso y lo mucho que contrastaba con nuestra preocupación por aquella época: éramos muy aguafiestas quienes planteábamos la endeblez de un sistema productivo que lo cifraba todo a la construcción.

Faltaban huevos en otras cestas, y para cuando alguien reparó en ello, no había huevos. Hoy Antonio Maíllo alertaba de la nueva burbuja que parece engordar sobre nuestras cabezas. Hemos cambiado los ladrillos por pernoctaciones y el mar de grúas por el de veladores. Por el camino abierto por las dos cruentas reformas laborales ha llegado a nuestras vidas la precariedad, la desazón ante un futuro incierto y lo que es peor, la pegajosa cantinela de que tenemos una salida personal y colectiva a tiro de ley: el emprendimiento. Entrepreneur, en inglés que mola más.

Sí, el ‘derecho a emprender’. Al parecer, en cada cabeza obrera, sepultada por el fracaso de una década devastadora repleta de recortes, despidos y abusos, anida una idea. Esa idea, que florecerá tan inexorable como la primavera, sacará a cada cual de su derrota personal y se sumará a un torrente emprendedor y creativo que además modificará el sistema productivo.

El muy antiguo derecho al trabajo, que comporta tediosas obligaciones a los poderes públicos y pone molestas trabas a las empresas, viene a reemplazarse por el derecho a emprender: moderno, dinámico y que cada quien pone en marcha liberando a la administración de un intervencionismo caduco y absolutamente fuera de lugar en estos tiempos de sentido común y estabilidad.

Recomiendo la intervención de mi compañero Jose Antonio Castro sobre todo esto del emprendimiento, así como la de Maíllo sobre la precariedad y el falso mito del turismo que puede seguir creciendo exponencialmente hasta que reventemos entre Kellys dopadas y ciudades inhabitables.

También la reacción de este PSOE que entró en parada tras su proceso interno y que todavía no ha terminado el alivio de luto. Susana Díaz, cansada y espesa, se desplaza por los pasillos con pocas ganas y con una mermada corte de pelotas. Quizás piensa en aquellas campañas promocionales, en el sueño californiano del sur de Europa, en la Andalucía imparable y al máximo, en cualquier tiempo pasado que posiblemente le parezca mejor. Ella también arrastra sus decepciones y fracasos, no crean. Quizás viendo tan oscuras sus perspectivas de futuro, también en su cabeza va tomando cuerpo una idea emprendedora, y todo apunta a que así es. De hecho es evidente que ya ha emprendido una huida a ninguna parte. Algo es algo.

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